
ELEGÍA A UN PUEBLO
Callejuelas estrechas de procesiones y misas,
de abuelos sudorosos en sillas de esparto,
contertulios en guerras, hambre y no encontrados,
cabezas agachadas al paso del señorito amo,
hembras de pies enlutados
hablando de ropa sucia en otros terrados.
[tocado,
vida de pantano: cieno y barro;
aquellos que después de la victoria, habían sembrado
en la cara, el miedo a sus hermanos.
vestigios de antaño,
y abierto el casino a los pies descalzos.
en el cuerpo brilla el azul de la metralla,
heridas que supuran rencillas,
fétido hedor del nuevo alcantarillado.
en el tapial de la desesperada huella
donde se acuñó el metal,
cuneta florecida de amapolas,
disimulada piedra que marca el lugar.
de la piedra clandestina,
golpes en la puerta del viejo caserón
esperando para este dolor
la medicina que me alivie;
y rascar la tierra con las uñas
devolviendo al pueblo su memoria
y enterrarte en tumba digna.
los cerrojos echados, las huertas vendidas,
el senil vecino sentado en la esquina,
más cansado y arrugado
con la levedad de los años gastados
me ha susurrado: no vuelvas al pasado.
levantando su mentón recién afeitado,
con el silbido entrecortado de mis labios
le he susurrado: sin memoria no hay vida;
y cabizbajo me he marchado,
sin saber cundo volveré
a este pueblo condenado.

