lunes 1 de febrero de 2010

ENTREVIAS

Hoy, en esta noche de recuerdos vagos
transito por lo que un día fue
la puerilidad de mis actos:
hace frío,
los pies hacen equilibrio sobre los raíles
(camino férreo de destino incierto)
evitando la caída , el abismo,
intenciones no deseadas;
recuerdos de niño
cuando hacía equilibrio
en el tapial de aquel colegio perdido,
de aquellos fuegos nocturnos
y botellas vacías de vino,
tabaco guardado en los tobillos,
monedas aplastadas, en los raíles fríos.

Recuerdo aquellos años
y el deambular de los hombres...
...arriesgó;
enfrentó su mirada
a la luz intermitente que le acechaba,
esperas del silbato acusador,
carreras a la otra orilla
demostrando la valentía
de rodillas clavadas en la tierra,
el aire le refrescó la cara
gritó, mudo, a la nada,
salvándose de ser arrollado,
aplastado por la mirada que le iluminaba.

Pero dejó de sentir, sintió nada.

Las huellas se le borraron,
los cuentos le quitaban el sueño,
le empujaban a los raíles fríos,
las heroínas le quemaban los brazos,
los poblados dejaron de ser de apaches coloreados
y la caballería llegaban en lecheras de neón,
con las ostias consagradas en manos abiertas
y caballos relinchando en su interior
escapándose la vida por sus venas,
huellas de no sentir nada.

Fueron años difíciles
para los que atravesaron la frontera
de los raíles fríos de las vías del tren,
del barro en casas viejas
cuando la mirada de la miseria atravesaba
las calles sucias de Vallecas.

La nieve entró por sus ventanas
y atacó el poco calor que les quedaba
en los jergones humedecidos con las lágrimas
de las madres que a escondidas callaban
ante la difícil frontera que atravesaban.

Y esperó
a que la vida le llegara,
haciendo equilibrio
en los fríos raíles de la esperanza,
la noche le brindó su última lágrima
llenando de polvo su cuerpo.

Y esperó,
la luz intermitente,
el silbato que no silbó,
y no pudo evitar la caída, el abismo,
y lo arrolló la mirada aplastada.

Allí quedó la piedra
marcada con la sangre
de un desconocido de Vallecas.

lunes 25 de enero de 2010

MARCOS ANA

Tiene 90 años pero él dice siempre que de vida tiene 67, la diferencia son los 23 años que pasó en la cárcel. Con 19 años, en mayo de 1939, entró; en 1962 salió: libertad compañero, libertad. Es la persona que más tiempo ha pasado en las cárceles franquistas.
Salud compañero.

Pequeña carta al mundo
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Los dientes de una ballesta
me tienen clavado el vuelo.

Tengo el alma desgarrada
de tirar, pero no puedo
arrancarme estos cerrojos
que me atraviesan el pecho.

Siete mil doscientas veces
la luna cruzó mi cielo
y otras tantas, la dorada
libertad cruzó mi sueño.
El Sol me hace crecer flores,
¿para qué, si estéril veo
que entre los muros mi sangre
se me deshoja en silencio?

No sabéis lo que es un hombre,
sangrando y roto, en un cepo.
Si lo supieseis vendrías
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
con el corazón deshecho,
enarbolando los puños
para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo;
de nieve, a mis camaradas
entre sus cadenas muertos…
recoged nuestras banderas,
nuestro dolor, nuestro sueño,
los nombres que en las paredes
con dulce amor grabaremos.
Y si no nos cerráis los ojos
¡dejadnos los muros dentro!
que se pudran con el polvo
de nuestra carne y no puedan
ser nuevas tumbas de presos.
No sabéis lo que es un hombre
sangrando y roto, en un cepo.
Si lo supierais vendríais,
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo
buscad en las soledades
del muro mi testamento:
al mundo le dejo todo,
lo que tengo y lo que siento,
lo que he sido entre los míos,
lo que soy, lo que sostengo:
una bandera sin llanto,
un amor, algunos versos…
y en las piedras lacerantes
de este patio gris, desierto,
mi grito, como una estatua
terrible y roja, en el centro.


(MARCOS ANA: POETA Y REPUBLICANO)
http://www.marcos-ana.com/

jueves 14 de enero de 2010

SILUETAS


videoDESAPARECIDOS DE LA GUERRA CIVIL(1936-?)

Desaparecidos, muertos sin nombre. Asesinados en las paredes blancas de cualquier cementerio, de cualquier tapial. El coso de la fiesta nacional de Badajoz fué testigo mudo de 2000 fusilados en veinticuatro horas. La matanza seguiría en la región alcanzando una escalofriante carnicería.

Los moros mercenarios"harkas", soldados del Tercio, la Legión Extranjera, al mando del coronel falangista Yagüe, no dudaron en ser los protagonistas de la barbarie, quemando los cuerpos con gasolina, obviando su identidad y su registro.

Desaparición física de unos¿50.000; 60.000; 80.000...?un número indeterminado de españoles republicanos y fieles a la voluntad de un pueblo.

"Ese cadáver nadie sabe de quién es"de la novela "Ese Cadáver"

Desaparecidos, niños perdidos en la huida, en los bombardeos. Desaparecidos por el terror fascista por el que se desvanecieron. Acribillados en Melilla, en Málaga, en Toledo, en...

Madres que no volvieron a ver a sus hijas, hijas que no volvieron a ver a sus hombres, que se los llevaron a dar el paseo. Desaparecidos en los hospitales, en los enterramientos de campaña, en las batallas, los que flotaron en el río, los desaparecidos en vida, los que enloquecieron y desaparecieron de sí mismos.

Fosas comunes que sarpullen todavía, horrorosamente, el suelo de España.

Sombras invocadas, siluetas.

Del libro Desaparecidos"Testimonios de la Guerra Civil" de Rafael Torres.


video

viernes 8 de enero de 2010

INOCENTADA



Llueve en Madrid, es veintiocho de diciembre, el día de los Santos Inocentes.
La calle Goya esta atestada de gente haciendo las últimas compras de navidad.
Son las ocho de la tarde(20:00 horas)y estoy trabajando en los grandes almacenes de la capital. Me encuentro agotado y nervioso, tanta muchedumbre, vorágine consumista me recuerda porque conforme van pasando los años voy odiando cada vez más estas fiestas. Ya es tarde para lamentaciones, el proceso no tiene marcha atrás.
El pecho se me hunde, la presión es tan fuerte que duele y provoca la sensación de estar en una prensadora donde las paredes cada vez se acercan más, tienes menos espacio vital y te falta la respiración. El brazo izquierdo no es ajeno a ese constreñimiento y comienza a quedarse inerte, sin fuerzas. Busco desesperado, jadeando, a mi mujer que también trabaja en el mismo edificio. Sobran las palabras, mi gesto lo dice todo y ella lo ha comprendido.

Gracias a la policía municipal y al servicio de urgencias 112 y SAMUR que desplegaron todo su arsenal aplicando el código 12.
Gracias al servicio de urgencias del hospital Gregorio Marañón de Madrid que ya estaban esperándome y que atendieron incluso a mi mujer con su amabilidad y profesionalidad.
Gracias a la Unidad Coronaria por su diligencia, atención y profesionalidad, a los cirujanos que me atendieron, al personal que se tuvo que desplazar desde sus domicilios para atenderme, a los enfermeros y auxiliares.

Gracias a todos ellos, hoy sigo vivo.
He podido empezar un año nuevo del que espero mucha felicidad y salud para compartir con mi mujer y mis dos hijas. Se que a partir de ahora tengo que cambiar costumbres, hábitos, dejar vicios y sobre todo tomarme la vida con más calma, siendo consciente de que yo solo no puedo cambiar el mundo, y que todo, en mayor o menor medida, tiene solución, menos la muerte.

Y como hay año nuevo y vida nueva que mejor que empezar con un libro: mi libro.
Por fin ya esta editado y disponible en www.bubok.com el poemario:”Los Haces y las Sombras”.
Un paseo por mis sentimientos con fotografías de un pasado reciente, un proyecto que ve la luz, un canto a la vida.
Te quiero Nines, por lo vivido y lo sufrido

lunes 7 de diciembre de 2009

VERDAD Y JUSTICIA

domingo 29 de noviembre de 2009

NOCTURNE

Llueve en Madrid


martes 27 de octubre de 2009

UN RELATO

EL RETRATO DE DON AVELINO

Abrió el portón ajustando sus fuerzas al peso que aparentaba tener aquel umbral de hierro forjado, pintado del color de las praderas que paradójicamente escaseaban en este lugar tan seco y desértico.
Llegó como el que llega a un bar abandonado en el lateral de una carretera, asustadizo y sin saber que pedir, con la certeza de no encontrar lo que busca. Mucho tiempo ausente, ausente en los recuerdos. Había perdido la conexión con su presente, pero ahí estaba, dispuesto a enfrentarse a su último reto, a su último destino.
Regresó envuelto en una sombra perdida, más viejo y más cansado. La ciudad le trató con desprecio, con soberbia, y en su cuerpo se dejaba notar el trasiego, la humillación del transeúnte acobardado ante el ruido, la contaminación, el peregrinaje de sus congéneres atrapados en el subsuelo de un vagón de tren.
Pero allí estaba él, con su abrigo nuevo y su sombrero aterciopelado, taciturno, vagando por las estrechas y sinuosas callejuelas del cementerio. Sus pasos, dirigidos por el misterioso deambular de los ausentes, le condujeron firme y erguido hacía su tumba. En el reflejo del cristal de uno de los panteones vio su figura enjuta, y un mechón de pelo canoso que sobresalía de su preciado sombrero no le dejó la menor duda: había envejecido.
Se resignó y pensó que volvía a una existencia apátrida, a un lugar perdido en la memoria donde el lujo y los bienes conseguidos no tienen sentido, donde el valor de lo material no se puede canjear. La repentina lluvia y el inesperado viento le despojaron de sus miserias, apareciendo en el reflejo del cristal la estampa entreverada de su propio espectro. Miró a su alrededor con tristeza y recordó el tiempo pasado. No encontró respuesta a su existencia, ni un ápice de placer en lo vivido. Estaba solo. Solo ante su tumba, aferrándose a ella. Solo ante la polvorienta y sucia tumba. Sacó un pañuelo bordado con sus iniciales y con mimo y delicadeza lo frotó sobre una agrietada fotografía, aquel retrato que dejó paradas las horas. Ensimismado en sus quehaceres no dudó en hacer un giro de improviso ante el crujir de la hojarasca que el caprichoso viento acumuló en sus pies y se quedó atónito frente a la marmórea palidez de aquel rostro que, sin saber de dónde había salido, tenía tras él, y que no dejaba de mirarlo fijamente. Enseguida cayó en la cuenta de la visita; era el carcelero de las ánimas, el enterrador, que se había quedado petrificado mirando de soslayo la tumba y a don Avelino, que seguía frotando con su pañuelo bordado la vieja fotografía.
La voz ronca y entrecortada del enterrador se dirigió a él con un ligero silbido tembloroso en los labios, y le saludó, esbozando una sonrisa incrédula –Buenos días, don Avelino. Sin dejar de mirar la fotografía le señaló con su dedo índice, tartamudeando -es usted, usted es el que esta ahí enterrado- y tuvo que apoyarse ante la fragilidad de sus piernas: era el fantasma de don Avelino, la reencarnación de su alma, el cuerpo presente de su ánima, la visita del más allá... Y así continuó el pobre enterrador intentando desentrañar el misterio.
Don Avelino no pudo reprimirse, y cortó de golpe la verborrea del enterrador con una brutal y escandalosa carcajada ante la mirada desconcertada del jovencísimo sepulturero.
-Llevas poco tiempo en este oficio, posiblemente lo has heredado de tu padre, el cojo, y tu imaginación es propensa a lucubraciones sacadas de alguna mala película o de algún programa de medianoche con psicofonías y almas que están en el limbo y no encuentran la paz después de la muerte. - Mal oficio has elegido, jovenzuelo. El enterrador escuchaba desconfiado y se distanciaba ligeramente de lo que todavía consideraba un alma perdida.
-Entonces, el retrato ¿de quién es? ¿ es quizá su hermano gemelo, o su padre del que tiene los mismos rasgos físicos?-interrogó el joven.
-Me marché del pueblo hace mucho tiempo sin intención de volver. No tengo familia ni descendencia. Estoy tan sólo como tú entre las tumbas y las flores marchitas. Y, Cuando yo muera, ¿quién me acompañara en este definitivo camino? ¿quién velará mi cuerpo, quién guardará mis recuerdos y llorará mi ausencia?. Cuando muera este hombre para todos extraño, ¿de dónde vendrán las manos que limpien este nicho?, ¿quién se encargará de poner flores frescas? Nadie. Porque no habrá nadie que sienta mi ausencia, estoy solo. Y sabiendo que el camino se estrecha y que el tiempo me ha de poner en el otro lado, que suena la danza de lo inevitable, he vuelto solo como me fui, para comprobar que sigue estando ahí lo que hace muchos años dejé, el último recuerdo de lo que soy : mi fotografía.
Y siguió, con su pañuelo bordado y una tenue sonrisa, sacando brillo a aquel misterioso retrato en sepia.